Nuestra historia
Todavía puedo verme caminando entre los bosques de Manizales.
Con los bolsillos llenos de piedras, semillas, hojas y flores.
Mientras otros niños regresaban a casa con juguetes, yo volvía convencida de haber encontrado un tesoro. Sin saberlo, los elementales ya me estaban adoptando.
Mi nombre es Beatriz Castrillón y esta es la historia de cómo la naturaleza fue guiando mi camino.
En ese momento no entendía por qué me fascinaban tanto esas pequeñas cosas que la naturaleza dejaba a mi paso. Hoy siento que, desde muy niña, ella ya me estaba enseñando a observar con atención, a escuchar el silencio y a descubrir la belleza en lo simple.
Aquellos tesoros primero fueron compañeros de juego. Con el tiempo se convirtieron en maestros silenciosos.
Y esa conexión nunca desapareció. Solo estaba esperando el momento de convertirse en mi camino.
La semilla
comenzó
a despertar.
La búsqueda
La semilla comenzó a despertar.
Estudié publicidad y viví varios años en Bogotá. Siempre disfruté crear, imaginar y comunicar, pero había una pregunta que regresaba una y otra vez:
¿Era esta la forma en la que quería habitar el mundo?
Esa inquietud me llevó a emprender una búsqueda que transformó mi vida.
El yoga apareció primero y abrió un camino de autoconocimiento. Después llegó la meditación, que me enseñó el valor del silencio, de la presencia y de mirar hacia adentro. Durante un tiempo viví en una ecoaldea en Portugal, donde el bosque se convirtió en uno de mis grandes maestros.
Fue allí donde comprendí algo que todavía guía mi vida:
No somos espectadores de la naturaleza.
Somos naturaleza.
Al regresar a Colombia descubrí el universo del té y sus rituales. Poco a poco llegaron las plantas medicinales, las flores de Bach y los cristales, abriendo una nueva forma de comprender el bienestar.
En ese camino tuve la fortuna de aprender de maestros que transformaron profundamente mi manera de ver la vida. Primero, una mujer medicina me acompañó a reconciliarme con mi naturaleza femenina, a comprender la sabiduría de mi ciclo y a honrar el cuerpo como un territorio sagrado.
Más adelante, un médico tradicional indígena del Cauca me abrió las puertas al conocimiento ancestral de las plantas medicinales, los cristales y las ceremonias como espacios de conexión y transformación.
Cada encuentro fue sembrando una nueva comprensión.
Más que acumular conocimientos, aprendí a escuchar con humildad y a reconocer que la naturaleza siempre ha sido mi mayor maestra.
Todo aquello que había aprendido solo cobraba sentido cuando pasaba por mis propias manos.
La alquimia
Cuando todo empezó a tener sentido
Con el tiempo comprendí que todo aquello que había aprendido solo cobraba sentido cuando pasaba por mis propias manos.
Así nació mi alquimia.
Comencé a combinar plantas, aceites esenciales, cristales e intención para crear objetos que invitaran a hacer una pausa, respirar profundo y ritualizar la vida.
Cada fórmula nace después de años de aprendizaje, experimentación y un profundo respeto por la naturaleza. No busco crear productos por crear. Busco que cada uno sea una invitación a recordar que el bienestar también habita en los pequeños gestos cotidianos.
Botica Elemental nació mucho antes de preparar mi primer aceite o crear mi primer sahumerio.
Nació el día en que entendí que el bienestar no consiste en hacer más, sino en volver a lo esencial.
Creo profundamente que preparar una taza de té con presencia, encender un sahumerio, aplicar un aceite esencial antes de dormir, sostener un cristal entre las manos o preparar un baño con plantas pueden convertirse en pequeños rituales que nos ayudan a regresar a nosotros mismos.
Preparar una taza de té con presencia, encender un sahumerio, sostener un cristal entre las manos.
Pequeños rituales que nos ayudan a regresar a nosotros mismos.
El acompañamiento
Más que productos
Con el tiempo comprendí que Botica Elemental no quería quedarse únicamente en un frasco, una vela o un aceite esencial.
También quería estar presente en los momentos importantes de la vida de las personas.
Por eso hoy acompaño ceremonias, rituales, círculos y experiencias individuales, familiares y colectivas donde la naturaleza vuelve a ocupar el lugar de maestra.
Me conmueve acompañar una unión entre dos personas, un círculo de mujeres, un rito de paso, una despedida o un nuevo comienzo. Creo que cuando un momento importante se honra con intención, permanece para siempre en la memoria y en el corazón.
Los rituales no son algo extraordinario. Son una forma de dar significado a lo cotidiano. Nos ayudan a agradecer, cerrar ciclos, celebrar la vida y recordar que siempre podemos volver al lugar donde habita nuestra esencia.
de Unión
Florales
Hoy
Hoy vivo nuevamente rodeada de montañas y naturaleza.
Sigo aprendiendo de las plantas, de los bosques, del silencio y de las personas que el camino pone frente a mí. Continúo creando cada producto de manera artesanal y acompañando experiencias que invitan a vivir con más calma, más presencia y más conexión.
Botica Elemental es la suma de todos esos caminos.
Es una invitación a desacelerar.
A volver a los ritmos de la Tierra.
A ritualizar la vida.
Y, sobre todo, a recordar que la naturaleza nunca ha dejado de esperarnos.
Porque cuando recuperamos ese vínculo, también comenzamos el camino de regreso hacia nosotros mismos.